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Videojuegos en el aula: la nueva gansada pedagógica

Posted in Enseñanza, Reflexiones with tags on 27 diciembre, 2012 by sustineetabstine

La presente entrada es una crítica furiosa a la nueva ocurrencia de ese revuelto de ingeniería social e idiotización en masa que venimos en llamar Pedagogía, la cual ha miccionado un novedoso proyecto con el que pretende regar  nuestro deplorable Sistema Educativo haciéndole creer que llueve. Esta “precipitación dorada” se sumaría a las ya numerosas deposiciones y fluidos de desecho  vertidos por esta cosa malévola que, como cabría esperar de semejante uso, han hecho de la Educación en España una verdadera letrina.

La ira se apoderó de mí el pasado lunes cuando Eurogamer, ese magnífico portal dedicado al mundillo de nuestras entretelas,  le dedicaba un reportaje bastante entusiasta a la citada barbaridad. No está en mi ánimo el emprenderla con Eurogamer (de querer hacerlo, lo haría en su propia web), sino contra la majadería de la que se hizo eco. A diferencia de pasadas entradas, el que aquí escribe se quita el ropaje de aficionado a los videojuegos  para arremeter contra un nuevo atropello e impostura en ciernes. Lo hago como maestro de escuela que, bien pronto, supo ver cómo la Pedagogía ha sido el cáncer que ha corroído las entrañas de la Enseñanza durante años llevándonos, en entente cordiale con la Política y la Psicología, al desastre monumental, al derroche infructuoso y al artificio grotesco en que se ha convertido. Conste esto como declaración nada velada de intenciones.

Esta ominosa iniciativa, liderada por la profesora Pilar Lacasa de la Universidad de Alcalá de Henares queda enunciada así: “Como instrumento de aprendizaje, lo más importante de los videojuegos en comparación con otros medios es que te ayudan a pensar. Así como el cine te ayuda a meterte en otros mundos o a vivir una narración, el videojuego te ayuda a pensar, te sitúa dentro de unos mundos virtuales con una serie de retos que te impiden avanzar si no los resuelves”. La parrafada no tiene desperdicio:

–  Comienza partiendo de una muy discutible base: que los videojuegos son un “instrumento de aprendizaje”. Yo esto no lo sabía. Es más, ni se me pasó por las meninges semejante cosa pues hasta el momento he tenido claro que son, por encima de todo, un medio de entretenimiento (y a tal fin sirven) y, en algunos casos, un muy poderoso medio de creación artística. Pero de aprendizaje nada.

–  Acto seguido arguye que “en comparación con otros medios […] te ayudan a pensar”, citando al cine como ejemplo de medio que no ayuda a pensar, suponemos. Esto es una idiotez, venga de quien venga. Si esta persona, como expone en su currículo, es aficionada al cine y lo es de verdad, hemos de concluir que está engañando al lector. Quizá el cine actual sea decadente y vacuo, pero nadie me negará que ese periodo clásico nos ha dejado películas que son equiparables a muchas de las más grandes obras del pensamiento, de la poesía, de la narrativa y de la pintura, solo por citar algunas. El videojuego, como casi todo en esta vida, impele a la volición del individuo en un determinado sentido. El jugador inmerso en una vorágine de estímulos que se suceden a gran velocidad debe interactuar respondiendo a todos ellos siguiendo estrategias basadas, por un lado, en la reacción refleja o instintiva y, por otro, en un proceso de pensamiento no menos instintivo aunque, eso sí, muy supeditado a la reacción refleja. Cierto es que hay géneros que exigen más en un sentido que en otro pero, siendo sinceros, no he visto que nadie se haya vuelto más inteligente por jugar a videojuegos y, desde luego, niños no. Bien sabemos los que nos dedicamos a la Enseñanza la enorme cantidad de problemas que aquejan a los alumnos que juegan a videojuegos, cuyos niveles de atención y resultados están por los suelos.

–  Remata la profesora con uno de los lugares comunes favoritos de esta grey: “[…] te sitúa dentro de unos mundos virtuales con una serie de retos que te impiden avanzar si no los resuelves”. ¡Acabáramos! Todo un hallazgo que nos revela cómo en la vida hay dificultades que, de no ser superadas, te impiden progresar. Al contrario de los videojuegos, en la vida, si mueres, no puedes continuar o ajustar el nivel de dificultad. Haciendo salvedad de que sólo tienes una y, si la pierdes, game over. Bromas aparte, esto no se sostiene.

A continuación, parece que la nota de sensatez la pone el profesor Jordi Sánchez-Navarro, de la Universidad Oberta de Cataluña, al decir lo siguiente: “Llegará un momento en que podremos ver videojuegos dentro del aula, pero nunca como recurso para saber cosas del currículo formal. Se verá como un recurso más, de la misma manera que hay profesores que explican cuestiones de historia, ciudadanía o filosofía mediante películas”. A poco que nos fijemos y reflexionemos nos daremos cuenta de que tal sensatez brilla por su ausencia, por más formal que sea en su exposición. ¿Por qué? Porque sigue partiendo de esa base errónea antes citada, ese empeño en querer trasladar algo que pertenece a la esfera del ocio, al aula. Y encima como complemento de “marías” (asignaturas de relleno), recurriendo de nuevo a la capciosa comparación con el cine. Ambos medios se retroalimentan, pero juegan en ligas distintas. El videojuego exige más tiempo y dedicación por parte del jugador (que no espectador), y su modo de exponer conceptos e ideas es radicalmente distinto. No es un juguete, bien, pero se juega. Aquí subyace otra de esas nefastas paridas de la pedagogía: aprender jugando. En definitiva, se trata de forzar un medio para hacerle cumplir tareas que le son ajenas. Ello sólo causará más daños al Sistema Educativo y al mundo del videojuego, si cabe.

Pero, ¿en qué consistiría exactamente esto de meter los videojuegos en el aula? La citada profesora Pilar Lacasa y Laura Méndez dirigen el grupo que responde al escalofriante nombre de” Imágenes, Palabras e Ideas”. Típico nombre logsiano, jerga infecta que lleva intoxicando el Sistema Educativo desde hace casi dos décadas y que, como suele ser habitual, recibe jugosa cantidad de pasta del contribuyente. Que todo esto será muy fantástico y estimulante, pero por amor al arte no se trabaja. Éstos menos que nadie. El proyecto, de hecho, es otro engendro sacado de la LOGSE, algo que queda patente al conocer las tres patas del banco o fases del mismo: diálogo, juego y reflexión. Al buen entendedor, estas tres perlas le bastarán. Desgranémoslas:

–  En la primera fase, profesor y alumnos discutirán los objetivos de la sesión y el juego a jugar. Otro bonito ejemplo de “democracia en el aula” que rompe la verticalidad que debería estructurarla, acabando de paso con la figura del maestro (ahora “profesor”) y del alumno. Esto responde a esa teoría pedagógica estúpida (perdonen la tautología) que sostiene que el aula debe reflejar la estructura de la sociedad, es decir, recrearla. Por lo tanto, nada del maestro enseñando y mandando y los alumnos estudiando y obedeciendo. Eso es de fachas. El alumno debe ejercer su poder de decisión, debe hacer oír su voz, debe dialogar, poner en común, y el profesor reducirse a la humillante tarea de moderar el debate. Si todo sale a pedir de boca y la voluntad democrática del alumnado llega a buen puerto, (se llega a un consenso), se podrá pasar a la siguiente fase, que es el meollo del asunto. Si, por el contrario, dicho consenso es inalcanzable, suponemos que aquí el moderador-profesor romperá la baraja e intentará (no sabemos si con talante) imponer una “hoja de ruta”: se hará lo que él diga. Ante esto, el pueblo-alumnado se indigna y a partir de este punto varias cosas pueden suceder: insumisión generalizada con ocupación de espacios públicos (una huelga con acampada), todos suspensos (el “Suspensazo”), rebelión democrática (desobediencia civil contra el tirano fascista), linchamiento del tirano (paliza al profesor, debidamente grabada y con plausible apoyo paterno). Claro que, también cabe el supuesto del acatamiento servil y obsecuente de las masas. Supongamos que así es.

–  La segunda fase es la que mola de verdad: ¡a jugar! Aquí los alumnos extraerán valiosas lecciones para el día de mañana. Complejas redes causales se desplegarán ante ellos invitándoles a la reflexión, mas ellos no serán conscientes, absorbidos como estarán con la lúdica tarea. Por ello, y para no dar puntada sin hilo, se dividirán en grupos donde cada miembro desempeñará labores de suma importancia y muy relevantes para su futuro en Democracia: unos jugando y otros mirando. Pero nada de diversión. Se juega, pero se aprende.

–  Y la tercera fase, que es la más importante con diferencia, consistirá en una reflexión, una puesta en común acerca de lo vivido, de lo experimentado. “¿Qué ha cambiado en vosotros? ¿Alguna destreza oculta emergió? ¿Algún valor humano floreció en vuestro corazón? ¿Acaso no sois más tolerantes, abiertos y plurales? ¿Y la integración en el grupo? No habrá destacado nadie, ¿no?” Etcétera. Pero esta puesta en común sabe a poco, hay que ir más allá, ¡al Internet! Hay que aprovechar sus infinitos recursos, sus numerosos blogs llenos de sapiencia en bruto y, por supuesto, las redes sociales en las que se os debe oír “tuitear” cuan jilgueros en la floresta. Hay que discutir, siempre respetando a los demás e integrando su punto de vista en el propio, respetando sensibilidades, sentimientos, y cada peculiar sensación experimentada en el trascurso de tan trascendental ejercicio en el aula.

Al margen del cachondeo, esta atrocidad, esta vergonzosa pérdida de tiempo, esta pastelada progre e insensata es la dichosa actividad de marras, sin duda llamada a altos designios en nuestra cuarteada y no suficientemente violada Enseñanza. El clásico esquema LOGSE (discusión – acuerdo – actividad – reflexión – puesta en común), repetido hasta la saciedad, dando unos resultados horrorosos: una masa ignorante, infantilizada, estupidizada, desindividualizada, adocenada y aborregada hasta el paroxismo. La juventud de hoy y de mañana. Pero es que de eso se trata, ni más ni menos. Y lo peor de todo es que el mal ya está hecho, un mal cuya solución se llevaría por delante tres generaciones.

El sujeto éste de la Oberta, no contento con la jodienda, se dispone a joder aún más mostrando de paso su otra cara, que no es sino el corazón mismo de la Pedagogía: su faceta de ingeniero social. Cito: “Fuera del espacio de las aulas, se pueden utilizar juegos para romper dinámicas muy consolidadas, por ejemplo que los chicos siempre acaben jugando al fútbol y las chicas a bailar. Con un videojuego se introducen dinámicas más rompedoras con las que puedan jugar juntos”. O dicho de otro modo: “No contento con controlar y manipular a tu hijo en el colegio, también lo haremos fuera”. Y lo hará porque ya se hace, dentro de ese afán igualitarista y homogeneizante  que todo lo impregna, como en este caso, diciéndole a los niños que deben tomar los usos de las niñas y viceversa. Construyendo una sociedad imaginada por un puñado de tocapelotas iluminados a los que pagamos de nuestro bolsillo por putearnos. Ahí es nada.

Y esto no es todo. El hijoputa aspira a más: “Con aquellos chicos que no son buenos en juegos físicos, lo que puedes hacer para evitar marginación u otras dinámicas es hacer actividades relacionadas con los videojuegos y descubrir en qué son buenos estos chicos. Te das cuenta de que son líderes en videojuegos de cosas de las que no lo son en el patio. Pueden ser malos jugando al fútbol, pero buenos jugando a un juego de fútbol”. Y pregunto: ¿han de ser buenos en el fútbol? ¿Qué hay de malo en asumir que se es bueno en unas cosas y en otras no? ¿Acaso no radica ahí la tan cacareada diversidad de lo humano? Pues no, hay que sumergirlos en un mundo virtual y hacerles ver que dentro del mismo se esconden las soluciones a todas sus frustraciones (reales o no, ¿qué más da?) y, si de paso, les inducimos a que las proyecten en esa virtualidad y se enajenen, mejor que mejor. Después de hacerles la puñeta de por vida a los pobres críos creándoles complejos y anomias, vayamos dando después por el culo con la cantinela de “qué malos son los videojuegos” y “qué daño social hacen” y tocándonos las partes pudendas a los que de verdad amamos este mundillo. Es en esta afirmación donde la verdad se nos revela en toda su crudeza, y es el uso perverso que se hará de los videojuegos dentro y fuera del aula como elemento de manipulación de mentes y conductas. Quien no lo ve, es porque no quiere. Pero hay más.

Los tentáculos de la Pedagogía son mucho más largos: “Hay padres que tienen miedo de jugar a un videojuego con su hijo por desconocimiento, pero realmente hay juegos con los que padres e hijos pueden jugar juntos y llevar a cabo un intercambio de conocimientos, de rol y de liderazgo”. El bastardo no tiene suficiente con los hijos. Ahora les toca a los padres. Prepárense. Primero les dice lo que deben hacer, ¡qué menos!, para después despojarlos de su autoridad, rebajarlos e igualarlos a los niños, ¡compañeros de juegos! Eso sí, más mayorcitos y con muchos conocimientos que compartir con el infante, amén de cederle el poder al renacuajo para que saboree las mieles del “ordeno y mando” contra el desgraciado del papá o la mamá. Poco importa que por el camino se pierda el respeto, la deferencia, la gratitud, el aprendizaje vital… Eso es de totalitarios. En Democracia somos todos iguales, ¿o no? (¡Oink! ¡Oink!)

Una deposición más, pues el cabrón todavía no está satisfecho: “Muchos profesores y muchas familias creen que cuando el niño se pone ante el videojuego tiene que estar allí solo y que el mundo del adulto no tiene nada que ver, sin embargo, cuando he visto a padres y profesores que se ponen detrás del niño mientras juega a la consola, éste les cuenta qué está haciendo, les pregunta cuando no sabe cómo avanzar… Si en ese momento la madre puede explicarle cómo pasar ese nivel esa madre está educando a ese niño, porque está ayudándole. ¡Le está ayudando a pensar! Y eso es más importante que enseñarles únicamente que cinco y cinco son diez, porque eso ya hay calculadores que lo hacen”. Cómo no, el papá ha de participar en los jueguecitos del niño no sea que se traumatice y se deprima. Es más, aquí el cantamañanas nos desvela un arcano y es que si el papi, la mami o el profe se caen del guindo y contemplan al chaval idiotizado frente a la pantalla descubrirán que éste les cuenta la faena, con valoración de por medio, interjecciones varias, y demás habilidades comunicativas que nos indican que no sólo sabe jugar, ¡también sabe hablar! Pero lo mejor viene ahora. En una de éstas el niño se atasca en un puzle o en uno de esos jefes demasiado tenaces, ¿qué hacer? Pues preguntar, ¿qué si no? Y aquí es donde entra la mamá solícita, en uno de esos escenarios pedagógicamente preparados para ella y su retoño, con la solución fluyendo, cual manantial de cristalinas aguas, de su boca de piñón hacia el agudo y receptivo oído de su pipiolo al cual, aún ignorante de tamaña catarsis, ¡se le está ayudando a pensar! Nada más y nada menos. Epítome de la labor educativa, metonimia suprema del despertar del sapiens en el mono, arquetípica figura de la sacra relación materno-filial a falta de unir sus índices de un momento a otro. En resumidas cuentas, hasta el momento el mamón se había limitado a suponer que somos imbéciles. Ahora se permitirá el lujo y deleite de convencernos de que lo somos de verdad. La última frase es de somanta de hostias. Hablando en plata: toda la sarta de gilipolleces que ha soltado es más relevante que preocuparse de que el niño aprenda matemáticas, que es de lo que va la cosa. ¡Que lo hacen las calculadoras dice el cabrón-hijoputa! Sirva esto de ilustración de para qué sirve la Pedagogía y qué le debemos.

Con la sangre en su punto de ebullición, aparco el teclado del ordenador mientras busco donde derramar toda la mala leche que se me ha acumulado con esto. Volviendo ya más sereno pienso, recapacito y trato de comprender lo que el rebuzno esconde. Así uno se explica las cosas que ocurren, cómo reforma tras reforma nos vamos despeñando en cada nuevo informe PISA, codeándonos con los países tercermundistas en plena caída libre. Y sí, aquí nadie hace nada. Siento el impulso de disertar sobre muchas cuestiones sórdidas, pero me contengo. Esto se alarga ya demasiado y hay que ponerle el broche. Procedamos.

Sentencia la señora Lacasa: “La educación no tiene por qué ser algo que sólo implique un esfuerzo sin tener en cuenta la recompensa. Educar es como subir una montaña, el gran esfuerzo que pones para subir es mucho, y el placer que sientes cuando has llegado arriba es maratoniano”.  Después de lo dicho, esto es lo que quedaba. Pues se equivoca señora pedagoga. El estudio es, básicamente, esfuerzo y perseverancia, ambas virtudes proscritas por su camarilla de ratas de cloaca en pos del jardín de infancia vitalicio. En esta vida hay gente que es lista, y gente que no; gente inteligente, y gente que no; gente buena en deportes, y gente que no; gente que consigue lo que se propone, y gente que no. Se triunfa o se fracasa y, del fracaso, se rehace el individuo, hasta que encuentra su lugar en este perro mundo lleno de hijos de perra como usted y sus cuates, ¿se entera? Y encima, como buena progre redomada, nos regala con babosadas y cursilerías como la de la montaña, ¿qué pasa si tropezamos y nos “escoñamos” montaña abajo? Ahí no hay placer, ¿verdad? ¿O quizá sí? ¿Sadomasoquista? Algo mórbido y demencial, sin duda.

Otra sentencia: “El modelo educativo actual en España está poniendo solo el esfuerzo pero no la recompensa. Está promoviendo una cultura que está minando el pensamiento, que es lo que está favoreciendo el videojuego, y esa gente que está proponiendo este modelo está claro que no son partidarios de los videojuegos, desgraciadamente”. Hace falta tener cara dura y poca vergüenza para decir esto. Que, ¿el modelo educativo español se centra en el esfuerzo? ¿Cuánto hace que no pisa un aula esta vividora de nuestros impuestos? Y en eso de minar el pensamiento desde luego que ella puede disertar ad libitum, pues responsable es como la que más. Eso sí, ¡quite sus sucias pezuñas gorrinescas de nuestro querido mundillo, sabandija! Búsquese otra cabeza de turco para sus tejemanejes infectos.

Algo de demagogia y corporativismo, salpimentado con su poquito de ideología: “El Ministerio puede decir lo que le dé la gana, que el profesor hará la que quiera. En centros públicos los profesores están tan agobiados que no tienen tiempo para discutir con nosotros cómo introducir el videojuego en clase. Hemos tenido que ir a un colegio privado, donde tienen otro modelo educativo, y esto me parece tremendamente peligroso. Se está creando una división tremenda, donde hay centros más innovadores que están enseñando a pensar. Soy radical, pero creo que los videojuegos ayudan a pensar, y por lo tanto a enseñar de otra manera”. El que tenga entendederas para entender, que entienda.

Regresa imparable el pájaro de la Oberta con su defensa del hedonismo: “Los videojuegos están asociados normalmente con el placer, y se supone que el placer no es productivo desde el punto de vista educativo y laboral. Nos programan para ser individuos responsables y productivos, si invertimos muchas horas en cuestiones que proporcionan placer quizás se piensa que somos menos productivos […] Todavía estamos en ese momento en que las personas que tienen cargos de responsabilidad y que son los encargadas de implementar los planes educativos no pertenecen a la generación que jugó a videojuegos”. Y de nuevo, los videojuegos como la coartada perfecta para esta panda de iluminados y demiurgos. Diga usted que sí, hombre, ¿Física, Geometría? ¡Black Ops, FIFA y Counter-Strike! Estos cabrones se han propuesto sumergirnos en un mar de gandulería y van camino de lograrlo, por lo que veo.

Un aforismo: “Cualquier cultura para reproducirse necesita juego, y sin juego no hay cultura”. Y por eso creamos la cultura del juego.  Aquí el que se complica es porque quiere. Y los últimos compases de esta danza macabra: “[…] Creo que enfocar todo lo que es la cultura como un juego trae más beneficios que desventajas, hasta el punto de pensar que no tan solo los videojuegos son metáforas de vida, sino que la vida es juego. El ajedrez es una metáfora de la guerra, pero la guerra también tiene mucho de juego – aunque desgraciadamente sea con consecuencias muy negativas. Utilizar el paradigma del juego puede ayudarnos a mejorar mucho algunas cosas”. Y, ¡por fin asoma la oreja el amigo “paradigma”! Se hizo de rogar, el muy cabrón. En cuanto a lo del juego, la vida, la guerra y demás, por favor, si alguien entiende lo que pone ahí, que me lo explique. Yo ya estoy saturado de sandeces. Estos canallas son de una perversidad que asusta. Toda esta panda de titiriteros es a la que encomendamos la formación de nuestra juventud, nada menos. A cargo de nuestro bolsillo, con la aquiescencia silente y cómplice de todos.

Por fin el último párrafo. Me he quedado exhausto y aterrado, que no sorprendido. No. Esto es un déjà vu en toda regla. ¡Qué años de facultad! Había dos opciones: o perdías el juicio o lo recuperabas. A mí me hizo madurar. No hay mal que por bien no venga. Lidiaré estos toros en futuras entradas, no quepa duda, pero baste por hoy. Que cada cual saque sus conclusiones y, si lo desea, las consigne en los comentarios. Pido disculpas por mi lenguaje, pero es tema sensible y uno tiene sus límites. Que la Soledad retorne a este cubículo. Nuestro mundo se ha vuelto loco. Buenas noches.

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